lunes, abril 28, 2025

El lugar que habito

¿Qué significa el lugar donde nacimos? ¿qué impacto tiene en nuestra vida? ¿por qué nos formamos ahí? ¿Cuál es nuestro lugar? ¿qué determina el lugar que habitamos a lo largo de nuestra vida? Yo nací en Tlatelolco, Oceloapan le llamaban antes de la conquista. Oceloapan, el lugar de las aguas del jaguar. Nunca había ido a ese lugar después de nacer, nunca me había llamado la atención hasta hace unos meses, al volver a México. 

No sé el lugar que habito en este planeta, no sé cuál es su tamaño ni cómo se mueve ese espacio, sólo sé que lo habito porque respiro y porque vivo, aunque debo confesar que siempre trato de ocupar el menor espacio posible, no sé si por que éramos demasiados en mi familia o porque me enseñaron a estar pendiente de las necesidades de los demás antes que de las mías. Desde hace años llevo la vida en una maleta, va cambiando conforme al destino, las restricciones de equipaje y las lecciones de desapego que elijo aprender. Si tan sólo pudiera hacerla menos pesada... me digo a veces. 

Cuando pienso en mi lugar no sé si se trata de un punto geográfico, un destino conocido, un espacio físico o simplemente ese lugar que mi imaginación es capaz de crear. Cuando vamos a elegir un lugar para vivir es tan fácil para mi mente imaginar mi vida ahí, lo que haría, los hábitos que tendría, las cosas que me gustaría vivir ahí... con la misma facilidad se caen los castillos construidos en el aire porque los múltiples factores que necesitamos para vivir en un lugar los desmoronan a pedradas. 

Quizá mi lugar se trata más de aquello que me gustaría crear en un futuro o de eso que podría convertirse en refugio en algún momento, me digo. Quizá sólo es esa sombra bajo el árbol en la que me puedo sentar a descansar y a mirar la vida pasar. Quizá mi lugar tiene que ver con lo que hago, o lo que me gustaría hacer, observar, aprender, estudiar el comportamiento humano. 

Alguna vez mi lugar fue una redacción, un salón de entrenamientos, una oficina... estoy segura que no es un aeropuerto, aunque los visite con frecuencia, tampoco es el corazón de aquellos que me dejaron habitarlos, mi lugar probablemente no está fuera de mí, pero miro hacia afuera para dar con él dentro, sigo las marcas del mapa de mi ser para volver a encontrar el lugar que habito. 

Me gusta habitar la noche, ese inframundo temido por unos y desconocido para otros, dicen que eso requiere valentía y aunque no me siento particularmente valiente, me gusta estar ahí. A veces, desde esa oscuridad, los destellos de luz son tan hermosos que me vuelven a la vida, recuerdo que soy fértil en palabras y en sonrisas. Será ese mi lugar? me pregunto. 

Sé que mi lugar no se puede referir a algo estático e inamovible, tampoco a algo secuencial con un orden rígido y mucho menos a algo superficial. El lugar que habito quizá está conectado con el lugar en el que nací, el lugar de las aguas del jaguar, la que tiene la bravura de mirar en la oscuridad. 





Cuando vuelven las letras...

 Mis letras son como un vaivén con muchos silencios intermedios, quizá demasiado largos, quizá demasiado silencio, pero al final vuelven. Vuelven a por mí, a llevarme al origen, a rascar desde la superficie hasta lo profundo de mi corazón, vuelven a recordarme que la vida marina está debajo del agua y la vida emocional debajo de mis lágrimas, de mis emociones, de aquello que a veces no me atrevo a navegar, aquello en lo que no me atrevo a sumergirme. 

Vuelven mis letras y me da un hueco en el estómago, se me inundan los ojos y trago saliva. Vuelven por mis dedos con las uñas mordisqueadas por eso que hoy sé le llaman ansiedad. Vuelven en medio del calor de la noche, porque donde estoy hace calor. Vuelven a pesar de mi torticolis, vuelven sin música, sólo así, porque han querido volver. 

A dónde me llevan estas letras intermitentes? a qué parte profunda de mi misma? a qué recuerdos me quieren acompañar? Quizá a la vez que me caí como pelota con sólo 3 años, o al momento que me recostaba en el sofá después del kinder para imaginarme bailando Tiempo de Vals, o quizá a esa ocasión en la que me encontré con sangre en mi pantaleta pero no podía decirlo a nadie y sólo recuerdo haber visto a mi abuelita (ya muy enferma) girarse hacia la pared. 

Mis letras me recorren la piel y la historia, me regresan a las memorias escondidas mientras aprieto la mandíbula. Por qué se asoman mis lágrimas? me pregunto. Hay recuerdos que se sienten profundo pero parece que para mí son casi todos o quizá no son los recuerdos lo que me hace lagrimear los ojos, sino el permitirme llegar hasta donde están, el permitirme ser sensible. 

Soy sensible? la gente me percibe como alguien sensible? tú, que lees esto, crees que soy sensible? Pienso en las corazas que he cargado, a veces con máscara y a veces sin ella, pienso que quizá no son tantas o quizá perdí la cuenta y se volvió tan normal que a veces siento que traigo la coraza aunque de verdad no la traiga. Me pasa con frecuencia que lo que miro sobre mi misma es distinto a lo que mira la gente, porque para mí es normal ser yo, saber lo que sé, reaccionar como reacciono y vivir como vivo, pero para los demás no y a veces la gente mira cosas que yo no alcanzo a mirar. A veces le ponen tintes románticos, dramáticos o irónicos, según los lentes que les gusta llevar. 

Mis letras vuelven para recordarme quién soy, o...
será que cuando recuerdo quién soy es cuando vuelven las letras?