¿Qué significa el lugar donde nacimos? ¿qué impacto tiene en nuestra vida? ¿por qué nos formamos ahí? ¿Cuál es nuestro lugar? ¿qué determina el lugar que habitamos a lo largo de nuestra vida? Yo nací en Tlatelolco, Oceloapan le llamaban antes de la conquista. Oceloapan, el lugar de las aguas del jaguar. Nunca había ido a ese lugar después de nacer, nunca me había llamado la atención hasta hace unos meses, al volver a México.
No sé el lugar que habito en este planeta, no sé cuál es su tamaño ni cómo se mueve ese espacio, sólo sé que lo habito porque respiro y porque vivo, aunque debo confesar que siempre trato de ocupar el menor espacio posible, no sé si por que éramos demasiados en mi familia o porque me enseñaron a estar pendiente de las necesidades de los demás antes que de las mías. Desde hace años llevo la vida en una maleta, va cambiando conforme al destino, las restricciones de equipaje y las lecciones de desapego que elijo aprender. Si tan sólo pudiera hacerla menos pesada... me digo a veces.
Cuando pienso en mi lugar no sé si se trata de un punto geográfico, un destino conocido, un espacio físico o simplemente ese lugar que mi imaginación es capaz de crear. Cuando vamos a elegir un lugar para vivir es tan fácil para mi mente imaginar mi vida ahí, lo que haría, los hábitos que tendría, las cosas que me gustaría vivir ahí... con la misma facilidad se caen los castillos construidos en el aire porque los múltiples factores que necesitamos para vivir en un lugar los desmoronan a pedradas.
Quizá mi lugar se trata más de aquello que me gustaría crear en un futuro o de eso que podría convertirse en refugio en algún momento, me digo. Quizá sólo es esa sombra bajo el árbol en la que me puedo sentar a descansar y a mirar la vida pasar. Quizá mi lugar tiene que ver con lo que hago, o lo que me gustaría hacer, observar, aprender, estudiar el comportamiento humano.
Alguna vez mi lugar fue una redacción, un salón de entrenamientos, una oficina... estoy segura que no es un aeropuerto, aunque los visite con frecuencia, tampoco es el corazón de aquellos que me dejaron habitarlos, mi lugar probablemente no está fuera de mí, pero miro hacia afuera para dar con él dentro, sigo las marcas del mapa de mi ser para volver a encontrar el lugar que habito.
Me gusta habitar la noche, ese inframundo temido por unos y desconocido para otros, dicen que eso requiere valentía y aunque no me siento particularmente valiente, me gusta estar ahí. A veces, desde esa oscuridad, los destellos de luz son tan hermosos que me vuelven a la vida, recuerdo que soy fértil en palabras y en sonrisas. Será ese mi lugar? me pregunto.
Sé que mi lugar no se puede referir a algo estático e inamovible, tampoco a algo secuencial con un orden rígido y mucho menos a algo superficial. El lugar que habito quizá está conectado con el lugar en el que nací, el lugar de las aguas del jaguar, la que tiene la bravura de mirar en la oscuridad.
